El Cine como forma expresiva y estética

domingo, 6 de marzo de 2016

martes, 3 de marzo de 2015

miércoles, 11 de febrero de 2015

Whiplash. Quiero ser como Buddy Rich

Por Vice

Una de las revelaciones del cine independiente del 2014, con Damien Chazelle en la dirección de su segundo film. Ha cosechado premios y menciones a su paso por varios festivales. Arrolladora visualmente, visceral y directa. Creada con un presupuesto heroico y alzándose como una de las propuestas cinematográficas más importantes de este año. Con una premisa nada deslumbrante, como es la de contar el aprendizaje de un batería de jazz.
Pero no ha estado libre de duras críticas, algunas provenientes del mundo del jazz, por no mostrarlo de manera más amable y en parte están en lo cierto. Presenta la cara más desagradable del jazz, la de la práctica de los jazz standards hasta agotar su brillo. Tampoco lo muestra con ninguna chispa de fusión y contiene una ausencia total de improvisaciones, en definitiva encontramos pocos atisbos de creatividad musical.
En lugar de esto lo que mueve el relato de Whiplash es la glorificación de la interpretación y la técnica. Aunque no sea justo para el género musical como escaparate, es necesario para concentrar todo el eje de la historia y el argumento sobre esa obsesión. Es un sorprendente ejercicio de contención por parte de Chazelle, reduciendo su experiencia como amante del jazz y su carrera frustrada como batería profesional a tan pocos elementos.
 También es gracias a esta renuncia por convertirse en un catálogo de la historia del jazz, lo que le lleva a aprovechar sus recursos expresivos y sus personajes al límite de sus consecuencias. Desde el principio la música es solo el vehículo, poco a poco te vas dando cuenta de que la vida del protagonista, Andrew, no ha sido más que un propicio campo de cultivo para desarrollar una obsesión compulsiva. Por la que dar la vida y otorgarle un sentido, cuando conoce a su profesor tiene el detonante necesario. 


Desde que J.K. Simmons inunda el aula con su fuerza de atracción, como si de un pequeño cosmos se tratase, sus alumnos intentan orbitar alrededor de su carácter con cierta prudencia para no llegar a quemarse ni quedarse fuera de la banda. Andrew (Milles Teller) destaca sobre el resto porque no le importa quemarse y acabar consigo mismo, si con ello puede seguirle el compás a su profesor. Nos vemos inmersos en un constante pulso donde la tensión no baja. El frenético montaje ayuda a que el ritmo no cesé, movido por el magnético conflicto entre ambos.  Tanto a la narración como a su protagonista, no le importa sacrificar líneas de diálogo en las relaciones familiares o sentimentales, realmente toda la energía se queda en la batería y las clases, mientras que sus relaciones se tornan frías y distantes. Esto es debido al compromiso creciente que le impone el profesor, lo único que puede ver en su horizonte. En todo el metraje no hay ningún momento en el que nos podamos esconder de su particular examen.
¿Pero es justo criticarla por todo ello? Si consigue ser tan potente es porque su relato  es sobre ambición y ansiedad, una crónica de autodestrucción, con lo que se puede decir que está libre de hacer a apología de todo aquello que presenta. Va directamente a la manida cuestión de si el fin justifica los medios, o la falsa resignación al trabajo duro y sacrificio como camino a la autorrealización. Para entrar en ella hay que aceptar sus reglas, en algunos puntos llega a abusar del uso de sangre, sudor y lágrimas. Y muchas de las situaciones de ambos sujetos caen a menudo en la hipérbole. Para quien busque algo más fidedigno o documental acerca de vivir del jazz, no atragantándose en él, si no respirándolo, siempre tendrá la imprescindible serie de David Simon, Treme. Por encima de su exageración, Whiplash consigue crear secuencias memorables, como la lucha entre los baterías aspirantes por interpretar la versión de Caravan de Art Blakey, y la desbordante muestra de talento en la dirección al representar la interpretación final.
La anécdota del enfrentamiento entre Jo Jones y Charlie Parker, ha sido convenientemente reinterpretada. Realmente a Jones no se le ocurrió tirarle un platillo a Parker a la cabeza, se conformó con tirarlo en señal de amenaza contra el suelo. De esta manera se entiende mejor como funciona esa historia quirúrgicamente en la trama. Toda una excusa para el profesor, lo que encaja muy bien con su amplia personalidad manipuladora.
Porque no todo es perfección técnica, y por mucho que Buddy Rich siempre lograra deslumbrar por su desmedida velocidad. Consiguiendo hacer que todos los flashes se alejarán de Art Blakey cuando compartían escenario. Si preguntas en una escuela de jazz a un batería acerca de quién es su mayor influencia, la elección favorita será el segundo por su colección de discos memorables, en contra de los solos del primero. Del mismo modo que tampoco está claro que Charlie Parker desafinara en ese concierto, es más que probable que su único error fuera improvisar demasiado o experimentar con claves más inusuales de lo debido. Lo que hacía que estos monstruos del jazz trascendieran, es que no se conformaron con interpretar magistralmente. Tenían que romper y empujar los límites del lenguaje musical. De esta misma manera Whiplash no se conforma con ser un relato motivacional complaciente, ni una oda al trabajo duro como aseveran algunas de sus críticas. Trasciende el género de las historias de superación personal cuestionando la validez del éxito, y mostrando que el coste personal y mental puede que no compense, ni sea un camino fácilmente reversible.

Carrera ideológica hacia el Oscar

Por Vice

Oscarsowhite fue el trending topic más sonado que dejaron a su paso las nominaciones de los Oscar 2015. Esos premios que todo el mundo asegura ignorar hasta que llegan, y cuando lo hacen no dejan contento a nadie. A esta marea de reclamación igualitaria se sumaron muchos nombres, los primeros de relevancia fueron Spike Lee y George Lucas. Alejados últimamente de los focos de atención, no es difícil ver oportunismo en su suma a esta causa.
Todo ello por ser la primera gala desde el 98 sin representación de un actor negro. Y sobre todo por la película que supuestamente ha salido más perjudicada, Selma el biopic de Martin Luther King, género predilecto de los Oscar. Al contrario de lo que pueda parecer por la avalancha de quejas por obviarla, sí que ha tenido una mención importante, nada menos que una nominación a mejor película.
Con las heridas del conflicto racial estadounidense muy abiertas, por los recientes abusos de la policía estadounidense en Ferguson y el asesinato de Michael Brown, la discusión no podía llegar en un momento más candente. Ahora bien, a nadie se le escapa  que hace tan solo un año, 12 años de esclavitud se alzó con la estatuilla de mejor película y Steve McQueen con la de mejor director. Esta obviedad hace que el argumento de un acusado racismo se caiga por su propio peso. Sin embargo el actor principal de Selma, David Oleyowo reavivó la polémica, asegurando que todo esto se debía que a los negros se les prefería como esclavos y no como líderes.
Pensar que todo se debe a una simple cuestión racismo instintivo en los votantes es simplificar las cosas insultando a la inteligencia de la audiencia. Usando un tema muy delicado, como arma arrojadiza en favor de la promoción de Selma. Pero si ampliamos el enfoque quizás este tipo de debates nos ayuden a preguntarnos quienes son los realizadores y distribuidores detrás de lo que vemos en pantalla, sus intereses y motivaciones.
Con el Hashtag se abrió la veda a otras quejas como la de género. Al caer en la cuenta de la ausencia de nominaciones para Selma también se hizo en la falta de representación de su directora, Ava DuVernay. Lo que ha propiciado que también se ponga de relieve el hecho, de que ha habido una falta  de menciones individuales a mujeres en esta edición respecto a otras. Y de la alarmante falta de diversidad resultante si juntamos las dos cuestiones.


Pero si hay muchas minorías sin representación, no sé puede culpar de ello solo a la academia. El problema debe estar en los mecanismos que hacen falta para llegar a producir y distribuir cine, y como algunos colectivos lo tienen muy difícil para superar esas barreras. Si a esto le añadimos el triunfo en taquilla, y reconocimiento por parte de la academia de El Francotirador. Film de Clint Eastwood que parte de la biografía de Chris Kyle, que tiene el dudoso honor de ser el francotirador más mortífero de la historia estadounidense y con el conflicto de Irak como su escenario. Es difícil pasar por alto sus tintes fascistas que ya estaban presentes en el material biográfico, en las antípodas ideológicas de Selma.
El gran problema que muchos vemos en estos premios es que tienen tanta notoriedad, que acaban produciendo películas diseñadas para ellos. Muchas se lo juegan todo a la carta de la biografía, respaldada por una épica interpretación como mejor opción para pugnar en la carrera por el Oscar. La consecuencia es que no ser mencionado por ellos se interpreta como un fracaso, como paso con J. Edgar también dirigida por Eastwood. Esta pretensión está muy vacía, cuando solo hay hueco para un puñado de propuestas y son premios históricamente conocidos por haber dejado fuera a numerosas obras maestras.
Esperar que las minorías más relevantes como la racial y la de género se arreglen maquillándolas con premios, es querer falsear unos resultados. ¿Todo esto es fruto de la exageración? ¿O de los intereses contrapuestos de ambos filmes? Por ahora en España tendremos que esperar a que lleguen a nuestras salas para decidirlo. En el caso de Selma en marzo y  El francotirador el 20 de febrero. 

sábado, 24 de enero de 2015

Big Eyes

Por Isabar

Película dirigida por Tim Burton, basada en la historia real del pintor Walter Keane, y su mujer y verdadera pintora Margaret Keane. Estas pinturas triunfaron en los años 50 y principios de los 60, caracterizándose por los grandes ojos de todos los niños representados. Margaret Keane siempre inspiró a Tim Burton en su creatividad y tras todo este tiempo se ha decidido a recrear su drama en esta película.
Antes de ir a ver la película, yo ya conocía la historia y ya me encantaban las pinturas, y me ha parecido que el guion ha contado muy fielmente la historia y que la interpretación de los actores para representar este drama, un tema tan mítico en el mundo del arte; el plagio y la suplantación, han sido muy buenas. Especialmente la actuación de Amy Adams como Margaret Keane, quién como detalle de la película aparece de fondo en una escena tras la actriz.


Sin querer destripar la película, comentaré que Margaret Keane es una mujer con un gran talento que cometió grandes errores en su vida con los hombres, dejando que su segundo marido Walter Keane se apropiara de sus obras, con la justificación de que no se vendería el arte de una mujer.
En la película por tanto, podemos ver diferentes temas importantes en la sociedad y en el arte que tienen una profunda relación entre todos ellos: el machismo en el arte y en el matrimonio, la competencia en el arte, el auge del arte moderno desde el punto de vista popular y comercial, la gran amplitud del arte moderno y los críticos decidiendo qué es arte y qué no, el avance del papel de la mujer en la sociedad y como artista, y la revolución del negocio del arte, como cuando Walter Keane piensa en la venta de láminas en vez de lienzos… entre muchos más temas, creo que destacarían estos sobre todo. Y como tema moral vemos en Margaret, la conciencia humana ante las mentiras y los fraudes. Cuando terminas de ver la película, conocieras la historia de antes o no, no te queda duda de lo perturbado que estaba el señor Walter Keane y lo cohibida y bloqueada que podía sentirse una mujer en esa época como Margaret.
La película trata de mostrar cómo se inició todo esto, como llego Margaret a esa situación, cuál fue la primera vez que su marido fingió ser el artista de su obra, por qué ella lo permitió, y cómo fue su vida realmente. Un historia que precisamente parece de película pero que es completamente real. Ahora mismo está claro que Margaret no debió permitir que ocurriera esto ni una sola vez, pero seguro que no se ve tan fácil en los años 50, en la piel de una mujer separada y con una hija que mantener (y precisamente es su hija la que muchas veces refuerza su conciencia ante el fraude).


La sociedad estaba cambiando pero la mujer seguía muy por debajo del hombre en mil papeles y uno de estos era el arte. Las galerías de San Francisco estaban repletas de arte moderno y el arte se acercaba cada vez más a la cultura popular. Con esto entra en relación el debate de si la obra de Margaret es arte o no. Porque el éxito fue innegable, pero en la película reflejan bien como tuvieron que enfrentar a críticos que hoy en día dirían claramente que se trataba de ilustraciones y no de piezas de arte moderno. Yo me pregunto si se la consideró pintora simplemente porque trataba el óleo y pintaba sobre lienzos, en vez de dibujar con una tableta digital como muy probablemente habría experimentado si se hubiera iniciado a dibujar Margaret hoy en día.Y por ello me pregunto si ser ilustrador no vale lo mismo que ser artista, todavía hoy en día.
Porque si los verdaderos artistas no son capaces de definir de forma clara y sencilla qué es el arte o qué es su obra, creo que no es tan verdadero o rotundo tampoco el testimonio de un crítico (al menos eso pienso ahora en este momento de mi vida). Creo que el arte es un concepto demasiado grande y que no para de crecer más y más rápido en nuestros días como para decir que cierta obra sencillamente no lo es. Hoy en día parece que se diferencia con más énfasis entre artistas, aficionados y artesanos; los que saben desenvolverse con los materiales, o los que crean algo con ellos.
En la película se presentan ciertas frases que siempre me han hecho pensar y una de ellas es “El arte tiene que elevar, no complacer”. Creo que es un principio muy bonito y a la vez una contradicción y farsa tremenda para el arte que se hace ahora y desde la época de esta historia. Está claro que en la película critican un arte popular y comercial, del que yo me pregunto que si porque tenga esas funciones ya no es arte y se decide así de fácil y sencillo. Hay mil excepciones pero,¿No puede ser otro tipo de arte, con otra función, con otro público, pero que sigue siendo un trabajo con reconocimiento? Porque sigue existiendo un proceso, para artistas como Margaret, de estar en un estudio bocetando, dando mil vueltas a una obra y experimentando con diferentes opciones hasta entregar un lienzo final, en el que lo vea todo el mundo o no, hay cosas plasmadas que son más que pinturas y disolventes.Pero claro, quién no va a contestar a esto, que ese proceso es artesanía… Creo que es algo demasiado complicado, pero está claro que el debate que había en esa época con todo esto, sigue poco menos igual hasta ahora y se hace cada vez más grande precisamente porque el arte no deja de ganar posibilidades y opciones de expansión tanto materialmente como conceptualmente.
Por esto, aunque quizás yo vea una utopía para el negocio del que hablamos, creo que ahora mismo se vuelve más difícil saber qué es arte, y veo que hay muchos más tipos de arte ahora, como para hablar de un concepto único o general. Habiendo cien mil campos para el arte ahora mismo, no me gusta pensar que la ilustración forma parte del arte que no vale, o dicho de otro modo que no “eleva”. Ya que hablamos de un campo que tiene una tremenda relación con la educación en muchas ocasiones, por lo que personalmente, me parece un trabajo importantísimo en la sociedad que enriquece a las personas desde niños.


Diferenciando entre el arte por oficio y el arte personal, siempre he encontrado mayor “elevación” en la producción personal de un artista, como creo que hará todo el mundo. Porque el arte es esa producción ante todo,la que cuenta algo del artista.Y por esto defiendo el arte de Margaret Keane, que me parecen unos cuadros, más bien ilustraciones, preciosas, porque a mí sí me identificaron, me llamen inepta en conocimientos del arte o lo que sea.Ella expresa sobre sus obras que “los ojos son las ventanas del alma”y esto coincide con mi pensamiento e hizo que me identificará en sentimientos y ojos de sus cuadros, que sintiera algo en definitiva. Todo esto suena emotivo, infantil y hasta utópico, pero creo que es a través de estas experiencias por las que un niño empieza a amar dibujar y por eso pretendo defender siempre esta visión inocente del arte, aunque sea muy consciente del gran negocio real que es. Busco pensar que estas visiones no sean incompatibles y hacer el negocio más sano que se pueda de unas obras de arte, porque creo que debe ser así.

jueves, 15 de enero de 2015

Adios al lenguaje

Por CrD

Ya se venía anunciando desde el pasado mes de mayo, cuando fue proyectada en Cannes, que la última película de Jean-Luc Godard iba dar de que hablar.
Adiós al Lenguaje (Adieu au Langage) se estrenó en España el pasado 28 de noviembre, y  tan solo se proyectó en tres salas a lo largo y ancho de éste nuestro país, situadas en Málaga, Madrid y Barcelona. Para más inri el film, que fue concebido en 3D, solo pudo ser exhibido en su versión 2D. Según Vértigo Films, la distribuidora: «Debido al rechazo de los exhibidores a proyectarla en su formato original, nos vemos obligados a presentarla en 2D»
Time Out afirma en un artículo dedicado a ésta pieza que lo que vimos en las salas españolas no fue realmente Adieu au Langage, sino algo que se le parecía, lo argumenta explicando lo que no pudimos contemplar, lo más novedoso de la película, algo que nunca se había hecho, un experimento con la técnica favorita de las superproducciones del cine comercial: el 3D.   “La protagonista femenina del filme se aleja de su 'partenaire' masculino y la cámara la acompaña con una panorámica. El plano inicial se mantiene, y el resultado no es el juego de transparencias habitual en la obra de Godard desde sus primeros experimentos con el vídeo, sino una imagen incomprensible. Un garabato hiriente que sólo cobra sentido si el espectador cierra alternativamente los párpados: a la izquierda, el hombre; a la derecha, la mujer. Masculino/femenino. Plano/contraplano.” He aquí la importancia del formato.


Pero más allá de las circunstancias y  de la literatura que se ha generado a su alrededor, Adieu au Langage es ese tipo de películas que raramente dejan indiferente al espectador. Lejos contener un sentido narrativo clásico o preciso, se centra en exponer reflexiones, mediante narraciones alternadas con conversaciones, donde nunca se llega saber de forma exacta nada que esté más allá de las propias palabras. Éstas se cruzan fugaces, a veces de forma confusa, con dos hilos de voz distintos y superpuestos, alimentadas por todo tipo de imágenes.A primera vista, las que más llaman la atención, son las incluidas en las secuencias sobresaturadas, siempre acompañadas del leitmotiv, una melodía pegadiza que se interrumpe cada vez que empiezas a disfrutar de ella. Lesuelen suceder pantallas en negro y sonidos que se abren fuertemente,  sin ningún tipo de encadenado, transición o fundido de entrada, razón por la que en ocasiones resultan muy molestos.
Está claro que Godard ha roto el lenguaje cinematográfico con esta pieza, no hay cabida para lo habitual en ella, lo que genera cierta sensación de desconcierto en espectador. Es difícil adivinar todo su contenido con un solo visionado, pues está cargada de metáforas, citas y referencias a escritores y filósofos. Es preciso estudiarla con detenimiento para disfrutar de todos los pequeños detalles que encierra, y que encierto modo la engrandecen. De igual manera, es imprescindible poseer una formación amplia en cultura general y especifica en diversos campos artísticos, cinematográficos yliterarios para acceder al goce estético definitivo de manera inmediata. Si extrapoláramos la teoría de Adorno al cine, éste sería un film dirigido directamente al oyente experto, cuyo eco puede resonar en el afán del resto de los mortales que buscan acercarse al saber más elevado en estos ámbitos.
Para lo que no hace falta ser un gran erudito, es para saber que ésta película se ha producido, rodado y distribuido por ser su autor quien es. No sería raro imaginar, que una pieza con una banda sonora de estas características fuera rechazada como trabajo en alguna escuela de cine. Algo así solo puede permitírselo alguien que conoce muy bien éste arte y que tiene ya mucho oficio. Nos guste más o menos, hay que admitir que ésta es una perla rara que no tardará en caer en el olvido, y que solo recordarán unos pocos cuando hablen del cine de principios del XXI. Aunque como artistas y soñadores nos guste creer en la necesidad de romper con el lenguaje impuesto y trascender a los academicismos. De la misma manera que ha hecho Godard al presentárnosla.

miércoles, 14 de enero de 2015

La Fábula moderna de los Dardenne

Por Vexp

Parece incómodo pero en cierta manera sencillo pensar que estamos en manos de una suerte de organizaciones sin ningún tipo de escrúpulos, que maquinan por su parcela de poder,viendo el mundo bajo el crisol de sus balances.
Los Dardenne en su última obra no van a por este objetivo automáticamente evidente de la crisis, no es que no exista, es solo no hace falta que nos lo señalen. La pequeña fábula de ética se lleva a cabo en una empresa farmacéutica (nunca te puedes fiar de una) en la que trabajaba Sandra, que ahora lleva un año de baja por depresión. Está recuperada y decide volver, encontrándose con que su puesto ha sido absorbido, por sus 16 compañeros a cambio de una prima de 1.000 euros anual cada. Solo hay una manera de recuperar su puesto, que la mayoría acepte quitarse esa paga añadida para que la empresa pueda pagar su sueldo. De primeras este de punto partida parece diseñado para convertirse en la tormenta perfecta de un departamento de relaciones públicas,pero que funciona despiadadamente bien como conflicto del que partir.
Como si de 12 hombres sin piedad se tratará, nos toca ver cómo trata de convencer a cada uno de sus compañeros. Sin mucha seguridad ni confianza, y como su último recurso que para poder mantener la supervivencia de su familia al final de cada mes. Presentándose delante de ellos con solamente acompañada por su escasa convicción y la desagradable pregunta de sí están dispuestos a perder un sueldo anual a cambio de que ella puede recuperar su trabajo.


No es que los Dardenne se hayan hecho eco del panorama actual y hayan tomado provecho de ello, desde su debut con La Promesa han demostrado un compromiso social, ante la denuncia de situaciones que involucran vulnerabilidad laboral.
Sobre todo porque desde entonces no han dejado que la responsabilidad caiga sobre el capataz de turno, que también, sino sobre sus mejores cómplices.sus propios trabajadores, y de su ausencia de solidaridad. Siempre con un estilo muy auto restringido en cuanto al uso de recursos cinematográficos y que marcan una carrera con una línea creativa muy clara.Huyen de la lágrima fácil, tratando con distancia los puntos de inflexión dramáticos, desnudando fríamente a sus personajes.No rehúyen de sus características tomas largas hasta el fuera del plano y sus incómodos silencios, idea que llevan con certeza extrema, decidiendo prescindir de banda sonora.
Tan simple como cruel, cada vez que Sandra realiza la pregunta se abren en abanico sus heridas ante las decepciones, simpáticos compañeros que la evitan y los que no lo eran tanto, que ahora directamente la encaran y se enfrentan a ella. Con cada nuevo enfrentamiento Sandra, encarnada por Marion Cotillard  en su tour de force particular, presente en casi todas las tomas. Perseguida en sus pasos por una cámara en mano acosadora que funciona con arrolladora efectividad asfixiándola en su situación. La sobriedad de su dirección hace que en ningún momento podamos evadirnos de su drama, haciendo que la fría tensión y el desgaste psíquico de la protagonista aumenten a medida que avanza el metraje.
Ella no obvia que lo que se propone es una hazaña absurda, y probablemente irrealizable. Cada vez que se enfrenta cara a cara con cada uno de sus compañeros le embarga una contradicción, no puede evitar sentirse como una ladrona, haciendo poco menos que mendigary en el fondo muchas veces no cree que esté preparada volver. Para Sandra está un juego mucho más que su trabajo, recuperar su dignidad en un lugar donde todo el mundo latrata como un ser frágil y esta amenazada de desintegrarse socialmente, salvo por las pocas personas que confían en ellacomo para empujarla a pasarse todo un fin de semana llamando a puertas.
La Europa representada enDos días, Una noche emociona por ser un retrato creíble de urgente actualidad.La Europa embargada en una sensación de constante inseguridad laboral, pero no solo porque nuestras condiciones se vean endurecidas por recortes y forzosas horas extras. El problema en consecuencia es que cada individuo endurece su visión del mundo, las relaciones se vuelven egoístas y el entorno laboral se vuelve más hostil. Este nuevo entorno en donde algunos derechos conquistados a lo largo de añosse han perdido en muy poco tiempo. Donde la fe en el sindicalismo esta extinta y su idea de lucha colectiva ha sido abandonada.Con este cambio de percepción forzado en el que el sueldo mínimo se ha vuelto toda una conquista personal. En donde sabemos que nosotros mismos podemos ser muy capaces de encarnar a sus peores compañeros. La lucha de Sandra no es una colectiva, está sola contra su depresión y por su cuenta, no hay lugar para otra cosa que el individualismo.
Una vez descrito este escenario tan devastador puede parecer que el film es tremendamente cínico y cruel, pero resulta ser el marco perfecto para crear una historia de arrollador vitalismo y total empatía con Sandra. Un ejemplo de como crear un relato motivacional sincero,  en el que su mensaje optimista no se percibe como un truco fácil, sino una merecida recompensa.