viernes, 30 de octubre de 2009
jueves, 29 de octubre de 2009
ÁGORA(FOBIA)
Música y cine.
Los griegos lo tenían claro: la música es un lenguaje universal. Tanto es así, que su estudio formaba parte de los saberes exactos, el quadrivium, junto con la geometría, la aritmética y la astronomía. No se consideraba un «saber humano», ya que su percepción y sus efectos no habían sido inventados por los hombres: eran universales, inmutables. Pensaban, además, que la música tenía un origen divino y ejercía poderosos efectos sobre el alma humana, al ser capaz de emular sus pasiones (ira, dulzura, templanza...). Por ello, el sistema de educación debía estar basado en la música, para educar el alma, y la gimnasia, para cultivar el cuerpo. No sólo eso: existían leyes que regulaban la música, indicando cómo se debía interpretar y en qué situaciones, pues se creía que podía modificar la conducta humana.
A estas alturas, pocos creen que la música tenga poderes mágicos. Y, sin embargo, existen pocas dudas sobre su capacidad de inducir determinados estados de ánimo. A nadie se le ocurre llevarse una marcha fúnebre para acompañar un picnic, o ambientar una historia de terror con la música de Benny Hill. Hay quien defiende que se trata de meras convenciones culturales, un lenguaje anquilosado por el paso de los siglos que, sólo por insistencia, interpretamos unívocamente. Sin embargo, basta con escuchar música tradicional indonesia o china: probablemente, en general, suene bastante "rara", pero no es difícil adivinar cuándo la canción habla de «lo bella que es la amada», y cuándo de «la muerte de la bella amada».
El cine es, sin duda, un ámbito en el que el poder «emotivo» de la música resulta especialmente útil. Un callejón oscuro, da miedo. Pero un callejón oscuro con ruiditos raros inidentificables, pone los pelos de punta a cualquiera. En esta entrada me propongo hablar de algunos de los recursos musicales que se pueden utilizar en pantalla.
El poder de la disonancia.
El vídeo es un desastre: está doblado por unos fans, pero no he encontrado el original.
Aquí se puede escuchar el audio sin imágenes, eso sí. En cualquier caso, sólo quiero utilizarlo como ejemplo, a partir de 0'30''. Los dos personajes cantan una misma frase: la misma letra, el mismo ritmo, el mismo contorno melódico. Sin embargo, la primera vez suena «Londres es el mejor sitio del mundo», y la segunda, «Londres es una pesadilla». ¿Cómo se consigue este efecto? Lo más evidente es que el compositor varía la instrumentación: la segunda vez introduce el viento metal, con un timbre más bien ruidoso, disarmónico (es difícil imaginar una nana interpretada por un trombón). Por otra parte, cambia la entonación: cada nota se vuelve cortante, brusca, incisiva. Además, baja la melodía a una voz más grave, restándole así jovialidad. Pero sobre todo cambia radicalmente la armonía, introduciendo disonancias por doquier. ¿Pero qué significa esto?
El desarrollo de la música occidental se ha caracterizado por el uso de varios sonidos a la vez. Estas combinaciones podían sonar bien (consonancia) o podían resultar desagradables (disonancias). Aunque el significado de estos términos haya variado a lo largo de la historia con el desarrollo del lenguaje musical, básicamente proceden de un fenómeno fisiológico: cuando dos sonidos tienen frecuencias muy parecidas y recaen dentro de lo que se conoce como «ancho de banda crítico», al oído le cuesta distinguirlos y se estresa. Este es el motivo de que un dúo desafinado pueda sonar tan mal o de que ciertas bandas sonoras, provoquen tanta inquietud.
http://www.youtube.com/watch?v=sScBFzae9cE
La música nos habla.
La disonancia explicaría por qué ciertas músicas nos resultan desagradables, pero no termina de responder a la pregunta de por qué la música nos emociona. Una de las tesis que se barajean es que la música, desde sus orígenes, trató de evocar la expresividad humana, sus movimientos, sus gestos. Así, del mismo modo que sabemos que una persona de movimientos rápidos y bruscos está nerviosa o enfadada, el volumen y el ritmo de la música pueden servir para generar tensión. Por el contrario, las barcarolas, las nanas y las marchas fúnebres, suelen tener ritmos sosegados, regulares, sin sobresaltos.
Por otra parte, las melodías entonadas en el rango de frecuencias de la voz humana, suelen identificarse con la propia voz, por lo que son la mejor herramienta para empatizar con el oyente. El método compositivo por excelencia del Romanticismo musical, fue la melodía acompañada y cabría argumentar que éste es el motivo: el compositor, desde su subjetividad, buscaba emocionar al oyente. La melodía funciona por ello como el narrador de la música, su componente más «figurativo». Cuesta encontrar grandes melodías en el cine, melodías memorables: precisamente porque en este ámbito, la música no tiene una función narrativa. A no ser, claro está, que cumpla un papel determinado, que tenga cierto protagonismo (películas como El pianista o La naranja mecánica) o que suene durante los títulos de crédito, sin distraer a nadie.
Con Ágora, Alejandro Amenábar entra en el grupo de los "grandes directores españoles"
Imaginé que Amenábar se había abandonado a lo que le pedían las entrañas y que en la siguiente película reaparecería el joven director de gran proyección creativa. Cuando supe que estaba preparando una película histórica con amplio soporte financiero, me estremecía de placer... Al conocer que el dinero procedía de Tele 5, imaginé que la cadena "tomatera" pretendía lavar su imagen financiando una película de "gran calidad", de importantes pretensiones estéticas...
Me equivoqué. En colaboración con Amenábar, Tele 5 ha diseñado una película en cierto modo paralela a "Mar adentro", pero con los criterios habituales en la cadena especializada en fórmulas zafias para concentrar audiencias... Resultado: una pèlícula valorada muy positivamente por la "crítica especializada"... Y quien fue el director español con mayor proyección creativa, de repente, se me ha convertido en miembro destacado del muy acreditado y noble grupo de los "grandes directores españoles", junto con José Luis Garci, Fernando Trueba, Álex de la Iglesia, Santiago Segura, Javier Fesser, Emilio Martínez Lázaro, Juanma Bajo Ulloa, etc.
Seguro que ya están poniendo el nombre de Ágora a muchas estatuillas de Goya...
Los méritos.
La Iglesia Católica se ha ganado a pulso que proliferen las obras de todo tipo con planteamientos extremadamente críticos. Vivimos tiempos dominados por un fanatismo incompatible con los valores éticos del sistema social amparado por nuestras leyes. Y juzgamos inaceptable que ciertos fanáticos impongan la ablación o vestidos aberrantes a las mujeres o que el Papa discuta las posibilidades del condón para rebajar el contagio de las enfermedades de transmisión sexual o, de hecho, imponga un orden social que deja a las mujeres muy por debajo de las responsabilidades exclusivas de los hombres. Una mujer no pude ser sacerdotisa ni, por supuesto, "obispa" o "Papisa". Se diría que sigue vigente la Primera epístola de San Pablo a Timoteo, citada en Ágora:
(...) "Asimismo, que las mujeres se atavíen con vestido decoroso, con modestia y prudencia; no con peinados ostentosos, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos; sino más bien con buenas obras, como conviene a mujeres que profesan reverencia a Dios. La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción; porque no permito a una mujer enseñar ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio. Pues Adán fue formado primero; después, Eva. Además, Adán no fue engañado; sino la mujer, al ser engañada, incurrió en transgresión. Sin embargo, se salvará teniendo hijos, si permanece en fe, amor y santidad con prudencia".
También me llamaron la atención dos situaciones deudoras de S. Kubrick: la réplica a la secuencia de Espartaco, trivializada en la oposición entre plátanos e higos, y el desenlace del drama fundiendo amor y piedad. Sí, ya sé que las comparaciones son odiosas... sobro todo si una de las pautas es tan pobre: la muerte de Hipatia, culminación del drama, acaso sea la secuencia peor resuelta de toda la película.
Desde las posibilidades ofrecidas por el contexto histórico, destacan las escasísimas alusiones relevantes a la polémica naturaleza de Dios o al trasfondo neoplatónico que regía en los ambientes cultos de la época; tampoco es fácil rastrear la deriva oriental experimentada por la cultura grecolatina en la tardo-antigüedad. Justificar la expansión cristiana en el ejercicio de la caridad es, a mi juicio, otra simpleza. El cristianismo se impuso por razones infinitamente más complejas. Socorrer a los necesitados está presente en la ética romana desde los tiempos de los Gracos, cuando menos.
Para saciar la curiosidad, contamos con un personaje aún más documentado que la propia Hipatia: Flavio Claudio Juliano (el Apóstata) (332-363), de quien se conservan algunas obras y sobre el que se han escrito algunos relatos novelados de interés.
Por fortuna, el tratamiento fotográfico de la película no desentona con las fórmulas ya aplicadas por Amenábar en su producción anterior: buen gusto, agilidad, fluidez, encuadres imaginativos... Creo que es la faceta más elogiable. Tampoco me ha desconcertado la ambientación musical... a pesar de algunas "licencias" algo forzadas (secuencia de la flauta).
Frente a lo sucedido en "Mar adentro", en Ágora Amenábar ha resuelto aceptablemente el problema rítmico... pero no combinado el tratamiento fotográfico con la tensión intrínseca del guión. Por efecto de la debilidad de éste, los realizadores (no sé qué parte le corresponde a los gestores de Tele 5) han recurrido a las "fórmulas de producción" (relaciones amorosas y violencia) habituales en el cine de entretenimiento... por fortuna, sin llegar a las exageraciones propias de los aficionados a la casquería.
La ambientación es otro capítulo gris, seguramente de origen común con las debilidades históricas del guión... Casi todos los "templos" que aparecen en la película son egipcios, cuando por tratarse de una ciudad de fundación helenística, debieran haber tenido mayor presencia los grecolatinos. Las referencias religiosas helenísticas se limitan a la figura de Serapis.
La policromía de los elementos arquitectónicos está mejor resuelta que en algunas películas de género, pero no hubiera edstado de más mayor decisión cromática...
Se ha enfatizado el esfuerzo presupuestario de la película... Debo manifestar mi más profundo escepticismo en esa línea, porque menudean los recursos manidos y los resultados pobres. Los planos tipo Google Earth son demasiado elementales y los "aéreos" no siempre son creíbles; algunos recuerdan cierta familia de juegos para ordenador (Age of Empires), a los que tal vez se pretendiera hacer un guiño... Si así fuera, estaríamos ante lo más imaginativo.
En síntesis, los planos "exteriores" (efectos especiales) de Alejandría hacen pensar en la maqueta de un parque temático construido con porexpan.
Tampoco me ha gustado la interpretación del "tiempo escénico". Acaso se pueda aceptar la idealización atemporal de Hipatia, con una R. Weisz, inmutable en su apariencia física, pero entre tanta deficiencia esa circunstancia multiplica sus cualidades negativas como anacronismo relevante, incompatible con las exigencias de verosimilitud convenientes en una película de "ambientación histórica". Se me ocurren dos buenas actrices españolas que acaso hubieran sido más adecuadas para el papel protagonista...
Ágora fue estrenada con una campaña de saturación y con las suficientes copias como para conseguir un éxito comercial incuestionable... en España y, seguramente, en otros lugares. Es de suponer que los gestores resolverán pronto el "asalto" al mercado americano...
La preeminencia de la voluntad comercial sobre la artística se manifiesta en otro detalle muy significativo: al entrar en la sala, junto con las entradas, entregaban publicidad de una novela de Marta Sofía, "basada en la película de Alejandro Amenábar", editada por Planeta...
Quien se acuesta con Tele 5...
lunes, 26 de octubre de 2009
La Quiniela de González Sinde… Otra “especialista”
Increíble, me he quedado bolonio leyendo un artículo en el 20 minutos, tras investigarlo, casi me caigo de nalgas… ¡¡Resulta que un producto de la Disney ha sido calificado X!! Olvídense del ratón Mickey e incluso del mito erótico de campanilla, se trata de la nueva entrega de “Saw”, una saga de terror “sadomasoquista” que estrena película las vísperas de Halloween, saga que por cierto me parece una basura, pero que ha sido calificada X por ni más ni menos que nuestra Ministra de Cultura la Sra. Ángeles González-Sinde Reig.
domingo, 25 de octubre de 2009
Moon, Duncan Jones, 2009
Un fan de la ciencia ficción que se siente a ver ‘Moon’ por primera vez va a experimentar sensaciones contradictorias: primero satisfacción por ver que es de las poquísimas películas actuales del género que ha superado el abuso de los efectos especiales y el ritmo frenético de los héroes que tratan de salvar el mundo, y más tarde un ligero mosqueo al sucederse ‘deja-vue’ a distintas películas clásicas (‘Solaris’, ‘2001’, ‘Blade Runner’…) y que hacen pensar que quizás el autor, más que haciendo referencias, está intentando recrear un tipo de cine en vez de crear una película original.
Con todo eso, mi opinión personal de la película no es mala, aunque sólo sea por haberme hecho recordar ciertos clásicos de la ciencia ficción, no tanto del cine como de la literatura, y creo que al señor Jones se le perdona el hecho de utilizar cosas masticadas sólo por lo agradable que es recuperar la faceta filosófica de la ciencia ficción. En esta película se tratan de forma muy explícita (quizá demasiado) temas como la propia identidad o el sentido de la existencia, que van surgiendo de la atmósfera alienante y aislada del protagonista y que al principio resultan confusos e inexplicables. Esto, junto con el escenario íntimo, aunque impersonal, da un ambiente casi kafkiano al asunto, lo cual refuerza el carácter filosófico y existencial del argumento. También es interesante el tema de la autenticidad, (no deja de ser irónico que en una película de estas características los personajes principales se peleen por saber quién es la copia de quién) que no llega a solucionarse. El hecho de intentar suscitar en el espectador una reflexión acerca de la condición humana se ve un poco empañado por la obviedad con la que plantea todo; no deja muchas cosas a la imaginación, y eso hace que la reflexión sea un poco menos profunda de lo que debiera dados los temas. Esta claridad para tratar temas tan complicados hace pensar que o el director (autor de la historia) o el guionista han intentado agradar a un margen de público un poco más amplio y un poco menos perspicaz, viéndose esta impresión reforzada por esa especie de intento de final feliz que se da, en el que parece que les molestaba dejar al espectador sin un bonito desenlace que responda, aunque no a todas, a algunas de sus preguntas (lo cual hace cuestionar hasta que punto el cine independiente se mueve en un nivel más alto que el comercial).
También cabe destacar el recurso que se emplea, a modo de introducción, de comenzar la película con un spot publicitario que nos sirve para situar la historia de una forma bastante eficaz, situando al astronauta más que como un explorador del espacio, simplemente como el operario de una multinacional.
A modo de conclusión, de ‘Moon’ cabría decir que es un intento de devolver a la ciencia ficción lo que tiene de interesante. Una película que pretende ser profunda, cayendo un poco en la nostalgia, y que precisamente por eso, a muchos nos ha parecido una forma agradable de pasar una hora y media de nuestras vidas.
jueves, 22 de octubre de 2009
SEAMOS SERIOS
Por Javier Ramírez Serrano

Ganadora de la palma de oro 2009 , aunque eso nos importa poco, ¿verdad?, la última película de Haneke tiene, desde mi punto de vista, un adjetivo muy preciso para abordarla, sobria.
Genera la sensación de estar ante una obra atemporal, que no es ni cine contemporáneo, ni cine clásico, sino simplemente, cine, y que, increiblemente, no muestra síntomas de nada, no tiene elementos que puedan situar su realización en ninguna época concreta.
Es seria, distante, y perfeccionista.
No te lleva de la mano, y es lenta, o mejor, densa.
Tampoco es agradable, y es dramática, pero extrañamente, a través de la distancia que se genera entre película y espectador, no es sensiblera.
Las interpretaciones son un ejercicio de precisión, como lo es la fotografía y el montaje. Éste último, tijera y nada más. No existe la música, al menos como pegatina, pues siempre se justifica en el entorno.
Podríamos decir que ni siquiera es una "historia", pues el argumento es una especie de ambiente, una descripción de un lugar, de un momento, de una situación concreta... y nada más.
Tan sólo te acompaña hacia un año, un día, un momento histórico.

Por momentos parece casi la España profunda de Valle-Inclán, pero funciona, pues esa narración sosegada y distante, aumentada por una voz en off hiperjustificada por el tono de la película, nos aleja del esperpento.
Los diálogos, duros, acompañan esa sensación continua de incomodidad ante lo que, por motu propio, uno se ha sentado a ver con todas las ganas del mundo.

Es posible que sea excesivamente pesimista, que tenga un tono demasiado bajo, y que incluso no emocione (y menos mal), pero eso convierte a Das weiße Band en una especie de dolor de cabeza en aumento, pues la experiencia está muy lejos del corazón. Haneke nos ofrece una clase de universidad, no una tarde de recreo.
jueves, 15 de octubre de 2009
“LOS LÍMITES DEL CONTROL” de Jim Jarmusch.
Imagino impotente mi respuesta a la pregunta “¿Qué te ha parecido la película?, ¿de qué trata?...”. Cinco minutos después de salir del cine y de su lóbrego ambiente POP corn, la contestación sería indecisa y liviana, tal como; “…bueno, cuenta la historia o los sucesos que le ocurren a un hombre trajeado muy sobrio y austero en España y que tiene que realizar un… trabajo… y cajas de cerillas, y… un chubasquero transparente y…”. Si me lo preguntasen hoy, tras una buena y progresivamente gratificante digestión, diría:
“Los límites del control” trata de todo, del todo, manejando ágilmente conceptos que abarcan un gran abanico temático y atmosférico. Esto lo consigue con un diálogo muy escueto, ambiguo, pero directo (escrito por el propio Jarmusch). Me arriesgo a categorizarla de película de “totalizante” por diversos motivos:
Uno de ellos podría ser el factor étnico, ya que conjuga sutilmente rasgos africanos, como los del protagonista Isaach de Bankolé (aunque sea francés, me refiero a los rasgos), europeos, representados por franceses y españoles (O. Jaenada y Luis Tosar), americanos, con un estadounidense (Bill Murray) y un mejicano (García Bernal), y una participante asiática. Estos detalles son camuflados como algo totalmente cotidiano pero analizando detenidamente algo huele a intención creadora…

Cabe destacar, a parte de la bonita visión de Madrid que da, elementos como la música y el color. La primera nos inquieta la percepción por su carácter psicodélico-experimental y el segundo nos funde con la imagen. En mi opinión es lo más importante del juicio estético, ya que parece querer romper la distancia entre figura y fondo. Y lo consigue de forma aparentemente fácil y banal: ¡con los distintos trajes del protagonista! Con una simple americana, camisa y pantalón plasma una ARMONÍA análoga en muchos planos que nos deleita y nos atrapa visualmente. Así, los actores parecen fundirse cromáticamente con el atrezo. En contrapartida, al final, parece querer indicar un contraste visual y ético entre el elegante y domesticado smoking y la naturaleza, lo salvaje. De este modo, se resalta un carácter pictórico muy marcado (ARMONÍA-CONTRASTE), además del ya mencionado museo madrileño.
En definitiva, para intentar explicar lo inexplicable del título, se podría decir que el protagonista es un hombre serio, singular, lleno de auto-límites, de censuras laborales, sexuales, estéticas, verbales, sociales e incluso gastronómicas. Lo paradójico es que para realizar su trabajo secreto tiene que rebasar todos los límites humanos usando su… imaginación.
No podría terminar sin decir que vale la pena pagar la entrada sólo por ver y escuchar en versión original a Paz de la Huerta…martes, 6 de octubre de 2009
El cine español... ¿De nuevo a debate?
1. "Las ayudas a la cinematografía van a acabar en las grandes cadenas de televisión, que se van a adueñar de la producción en España, y no porque tengan pasión por nuestro cine sino solo el objetivo de hacer dinero"
2. "Ninguna industria se basa en un único tamaño ni un único modelo de producto, desde los coches hasta los secadores de pelo".
3. "Este nuevo y grave estado de cosas puede generar la pérdida de empleo de una gran masa de trabajadores del cine y audiovisual, con el drama que ello supone".
4. "Protestamos por el contenido de una orden que aplaude a los grandes, a los ricos, a los que tienen mucho, a las empresas, que aparentemente, menos lo necesitan"
Para complicar las cosas un poco más, Jaime Rosales se ha despachado con un artículo en El País
defendiendo la despolitización del cine, pasando por alto que la creación cultural es incompatible con los argumentos de los sectores conservadores y que la articulación sociológica define perfectamente "los grupos de actitud o interés" sobre los que debe trabajar cualquier profesional, ya sea publicista, director de cine o, incluso, "polemista". Así lo acreditan todos los días las diferentes cadenas de televisión
¿Se imagina alguien a Isabel Coixet expresando opiniones afines a las de J. M. Aznar o a Amenábar oponiéndose al "derecho a la muerte digna". El cine español salió hace muchos años de los oscuros y añejos cauces "apolíticos". Los realizadores conservadores ya se encargan de dar continuidad al cine de Benito Perojo, Mariano Ozores y Alfonso Paso con alegatos patrioteros ridículos o con elucubraciones "poéticas" patéticas, con "sustento" oficial.Asumiendo que muchos profesionales del medio manifiestan actitud progresista como parte de su cosmética personal (algunos de ellos acreditan a la vez ideas parafeudales), preconizar la despolitización del cine es de una ingenuidad tan extraordinaria que, dando por sentado el buen sentido de Jaime Rosales, sólo puedo explicar desde "razones" alejadas de las circunstancias propias de la industria cinematográfica española. Obviamente, me refiero al giro editorial del Grupo Prisa consecuente con la pérdida del "monopolio futbolero". De repente los "medios" del grupo se han convertido en foros frenéticos de crítica al Gobierno y esa actitud se ha manifestado también ante dicha ley, que se publicó a finales del 2007. Han tenido que transcurrir dos años para que, de repente, lo que eran cualidades buenas se hayan transformado en repertorio ejemplar de torpezas... E, incluso, para que aparezcan tufillos de alejadas décadas.
Me parece más consecuente la crítica de David Trueba aunque no menos ingenua e interesada, porque, cualquiera que sea el marco normativo, el cine como producto industrial siempre estará amenazado por factores mencionados en sus intervenciones públicas. Todo director que se de a conocer con películas de "bajo presupuesto" como Tesis, desea afrontar aventuras como Ágora, en cuya financiación ha participado en proporción elevada Tele5, la cadena cuya programación más se sustenta en el excrementicio social. Paradoja liberal, por excelencia.
Por fortuna, en la actualidad, gracias a la evolución de los medios tecnológicos, no es necesario contar con grandes respaldos financieros para realizar una buena película... Y desde esa situación novedosa, mucho me temo que existe una voluntad clara de enmarañar las cosas para no perder privilegios más o menos consolidados. La clave para no castrar la faceta "cultural" del cine (cine emergente de calidad, que dirían los pijos) hoy no está sólo en las subvenciones, sino, sobre todo, en la inexistencia de cauces de promoción y exhibición adecuados. Presupongo la existencia de los productores... y acaso sea mucho suponer.Por fortuna o por desgracia, según donde esté cada cual, en el pecado está la penitencia, porque al no existir esos cauces (a lo mejor no es posible crearlos), los jóvenes realizadores se ven obligados a utilizar los recursos "alternativos"...






