El Cine como forma expresiva y estética

jueves, 2 de junio de 2011

UNA TERRORÍFICA PROVOCACIÓN.ANTICRISTɸ


Por Patricia Moradillo

Con un estreno en Cannes plagado de abucheos, y dejando caer una de sus “perlitas”,Lars Von Trier presento hace dos años su primer acercamiento al género de terror, Anticristo.
El manido sistema de dividir las películas incluye en ésta tan sólo un prólogo, cuatro capítulos y un epílogo. El título de los capítulos delinea los acontecimientos directamente relacionados con el carácter y comportamiento de los personajes. Con un arranque a primera vista de exquisita delicadeza, una cámara lenta capta las imágenes compuestas en blanco y negro,  Von Trier presenta el drama en torno al cual girarán las acciones de los personajes. La percepción de algo excesivamente dilatado y vetusto se detiene en el instante en el que se aprecia un plano detalle de algo más que erótico. Tras esta introducción comienza a desarrollarse la historia, la más que decente interpretación de los actores hace que sea más digerible el ritmo de la película, interrumpido constantemente por la cadencia de los diálogos y la recreación artístico-reiterativa del director. A excepción de este tipo de expansiones creativas, toda la película está rodada cámara en mano, algo especialmente notable son los exagerados temblores, o el empleo de turbios zooms en lugar de intercalar varios planos.


La clave de la película para suscitar tal rechazo de la crítica es la aparición de innumerables e innecesarias imágenes que golpean la sensibilidad y el buen gusto del espectador, el recurrente uso de imágenes explícitamente sexuales o violentas no fomenta el interés del espectador, ni agiliza el ritmo de la narración, simplemente sorprenden o desagradan, eso va en gustos. Además de adoptar imágenes y distorsiones hartamente tarkovskinianas, podrían buscarse correlaciones con la estética más radical de artistas como los accionistas vienes o el videoartista Chris Cunningham.
Dejando de lado alguna que otra chapuza como la iluminación de los interiores y los fallos de raccord, y eso que según los créditos finales intervinieron más de diez entidades en la financiación del film, podría decirse que Von Trier sufre monomanía por los personajes de mujeres atípicamente demostrables aunque subconscientemente reconocibles. Es impresionante como el danés juega con la percepción y por ende con los sentimientos del espectador, la neutra presentación inicial de los personajes se va conformando en relación directa a sus acciones, tan pronto creemos en la agonía e indefensión de ella y la frialdad de él, como en la potestad de éste para convertirse en víctima a la vez que ejecutor. La revelación de la verdadera naturaleza de ambos personajes, además de provocar cierta desazón a la elite  pro-feminista,  anuncia al espectador su error en la asignación de roles, algo que en el anticlímax, o como lo llama Lars, epílogo, dará que pensar.

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